Metodologías ágiles ¿qué son y para qué sirven?

En ocasiones tenemos que gestionar proyectos donde el cliente no tiene claro todos los requisitos al inicio del mismo, o bien cambia de opinión durante el desarrollo del proyecto. Estos hechos suelen provocar una serie de cambios que no estaban previstos y que impactan de forma negativa en la duración del proyecto, su alcance, presupuesto y, en una medida también importante,  a las expectativas del cliente.

Para gestionar este tipo de proyectos surgieron las metodología ágiles, que a diferencia de la gestión tradicional de los proyectos, no necesitan definir al principio de los proyectos la totalidad del alcance.

En este post, queremos explicar con detalle qué son las metodologías ágiles y por qué se han convertido en poco tiempo en la referencia, a la hora de gestionar proyectos que tengan cierta incertidumbre, muy habituales en los proyectos tecnológicos.

Metodologías ágiles

Intentaremos explicar de una manera sencilla qué es una metodología Ágil, para qué sirve y quién puede usarla. Ser ágil es tener la capacidad de crear y responder al cambio para obtener beneficios en un ambiente de negocio cambiante. Significa ser flexible, adaptarse al cambio.

En unos tiempos donde la tecnología cambia constantemente, los beneficios de las empresas se están reduciendo por la alta competencia, además de tener que satisfacer a clientes que quieren cada vez resultados más rápidos y efectivos. Por ello, aparece la necesidad de contar con un método de gestión de proyectos que se adapte a estos nuevos requisitos del mercado con rapidez y flexibilidad, y donde los métodos tradicionales de gestión se han demostrado ineficientes a la hora de gestionarlos.

Merece la pena destacar que estas metodologías no se limitan a proyectos tecnológicos, sino que se puede aplicar en cualquier ámbito o sector donde se produzcan cambios de forma frecuente.

Principios ágiles

En febrero del 2001, un grupo de 17 gurús de la informática, desarrolladores de software y administradores, se reunieron para discutir los métodos de desarrollo de software ligero.

De estas reuniones y debates surgieron una serie de principios que se plasmaron en un manifiesto, llamado manifiesto ágil, y que estableció las bases que debe cumplir cualquier método ágil:

  • Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas: Aunque los procesos y las herramientas ayudan a terminar con éxito un proyecto, son las personas quienes asumen, participan e implementan un proyecto y determinan cuáles procesos y herramientas utilizar. Por lo tanto, en cualquier proyecto ágil el énfasis debe estar en las personas y en sus interacciones, en vez de los complicados procesos y herramientas.

  • Software funcionando sobre documentación extensiva: Aunque la documentación es necesaria y útil para cualquier proyecto, muchos equipos se centran en la recopilación y el registro de descripciones cualitativas y cuantitativas de los entregables, cuando el valor real que se le entrega al cliente es en forma de un software funcional. Por lo tanto, en vez de la documentación detallada, el enfoque ágil está en la entrega de un software de buen funcionamiento en incrementos a lo largo del ciclo de vida del producto.

  • Colaboración con el cliente sobre negociación contractual: Tradicionalmente a los clientes se les ha visto como participantes externos, involucrados principalmente al inicio y al final del ciclo de vida del producto, y cuya relación se basaba en el contrato y su cumplimiento. Las metodologías ágiles creen en un enfoque de valor compartido, en el cual los clientes se consideran colaboradores. El equipo de desarrollo y el cliente trabajan unidos para evolucionar y desarrollar el producto.

  • Responder ante el cambio sobre seguir un plan: En el mercado actual, donde los requerimientos del cliente, las tecnologías disponibles y los patrones empresariales cambian constantemente, es fundamental abordar el desarrollo de productos de una forma adaptativa que permita la incorporación de cambios y rápidos ciclos de vida de desarrollo de producto, en vez de enfatizar el seguimiento de planes formados probablemente con información obsoleta.

Conclusión

La forma de tratar los proyectos desde una metodología ágil es diferente a la metodología tradicional, como hemos ido viendo a lo lardo del post.

En nuestra experiencia, las metodologías ágiles son especialmente útiles cuando tenemos que abordar un proyecto donde se prevean cambios, en muchos casos porque el cliente al principio del proyecto no define todos los requisitos necesarios o bien porque los requisitos van cambiando.

En cualquier caso, estas metodologías proporcionan los mecanismos para afrontar estos cambios manteniendo el máximo valor para el cliente, por lo que la probabilidad de finalizar con éxito el proyecto aumenta sobre el método tradicional.

Bibliografía

Una guía para el conocimiento de Scrum (Guía SBOK™)

2018-10-16T11:38:07+02:0016 octubre, 2018|

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